Ann Gillies (1994) establece que la efectividad de los medios de comunicación varía según el nivel cultural: las personas con menos educación prefieren medios sonoros y gráficos, mientras que las más instruidas recurren a la escritura. Las personas con baja autoestima son más influenciables por mensajes persuasivos. Los individuos prestan más atención a mensajes que coinciden con sus expectativas y sobre temas que conocen. Además, la confianza en el orador reduce la percepción de manipulación, y la opinión de la mayoría es más efectiva para cambiar actitudes que la de los expertos.
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